Ejercicios a observar en vacaciones.

Hay algo que me encanta cuando voy a un sitio nuevo de vacaciones, olvidarme la cámara en casa. 


Es más, hace poco regalé la que tenía por miedo a que se estropeara de no usarla. 
¿Por qué?
A parte de que odio tener el ordenador atascado de fotos que no voy a volver a mirar en la vida, no soporto la idea de recordar cosas a través de imágenes sacadas con una máquina. Debo aclarar que con esta afirmación no me refiero a la gente que disfruta con la fotografía y que sabe captar el sentimiento del momento, hablo de esas veces que hacemos fotos sin pensar y sin parar, con una especie de terror al olvido de cosas sin importancia; Cuando en verdad, nuestro cerebro ha sido diseñado para recordar y recopilar millones de cosas, y nuestros ojos son mil veces mejores que cualquier cámara y objetivos extremadamente caros. 
No, lo que hago en mis vacaciones es sentarme, observar y absorber. Personas, casas, árboles, luces, noches estrelladas... En especial disfruto con las narices, pero eso ya es otro tema. Y luego, busco en todo aquello que está en mi cabeza y simplemente lo dejo salir. 

Ahí va uno de los vómitos de mis vacaciones por la España profunda. 





















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