Primer Capítulo Parte II: El culto zoomórfico.


Creo que hoy en día nosotros, los seres humanos, aún seguimos sintiendo verdadero pavor ante lo salvaje. 
Aunque el estudio, el análisis y los avances en la ciencia han contestado muchas de las preguntas que nos hacíamos desde que hace tantos y tantos años poblamos la tierra, siguen habiendo momentos en los que podemos llegar a empatizar con nuestros ancestros: La furia de una tormenta o un huracán, el temblor horrible que transforma el suelo sólido en líquido y abre grietas en la tierra, relámpagos capaces de matar a personas y quemar bosques, lluvias torrenciales que se llevan todo por delante, o unos ojos brillantes en la oscuridad de la noche, amenazando con la muerte en medio del bosque o la sabana Africana. Sentimos miedo. Nuestra seguridad, nuestra existencia está en jaque y no hay escapatoria. 

Aquellas personas vivían a diario con esas situaciones que a nosotros se nos presentan quizá una vez (o algunas pocas más) en la vida. Debían sobrevivir a lo salvaje, a las leyes de una naturaleza llena de misterios y terrores que afectaban de forma poderosa en su forma de vivir en el mundo, de convivir con lo que les rodeaba y de pensar sobre su existencia.

En la entrada anterior comencé con un sueño, una introducción, una pista. Acabé hablando vagamente del toro y de su culto extendido prácticamente a todos los pueblos bañados por el Mediterráneo. Creo que, para lo que viene a continuación empezaré por una pregunta:
¿De dónde viene esa idea de adorar animales, en concreto el toro? ¿Por qué?

La adoración a la figura del toro como algo sagrado no es un culto único, si no que se agrupa con el culto zoomórfico en general. Es decir, adoraban a otros dioses con forma de animal, y el mismo toro representaba a un dios con unas funciones específicas, dentro de un panteón más grande de deidades. 

Pero de nuevo ¿por qué? Existe otro tipo de culto, el llamado animista, en el que se venera a toda la naturaleza en general. Las culturas asiáticas, y americanas estarían entre este tipo de cultos, pero es curiosa la diferencia que existe entre éstas y las culturas de alrededor del mediterráneo en las que los dioses son sólamente animales, o figuras humanas con partes de animal, o dioses con aspecto humano. 
Podría tratarse de la influencia próxima a la cultura semítica hebrea, en que ya se establece una diferencia entre los seres vivos y el resto de las cosas (rocas, montañas, ríos, mares, cielo, tierra, etc.), pero un ejemplo muy claro lo encontramos en la cultura Egipcia:

”Voy ahora a extenderme en detalle sobre Egipto, porque comparado con cualquier otro país, tiene muchísimas maravillas y ofrece obras que superan toda ponderación, por esta razón hablaré de él con especial detenimiento. Los egipcios, en correspondencia con su singular clima y con su río, que presenta un carácter distinto al de los demás ríos, han adoptado en casi todo costumbres y leyes contrarias a las de los demás pueblos. Entre ellos son las mujeres las que van al mercado y hacen las compras, en tanto que los hombres se quedan en casa tejiendo.(…) Ninguna mujer ejerce el sacerdocio de dios o diosa alguno; los hombres, en cambio, ejercen el de todos los dioses y diosas (El autor aquí aclara en un comentario, que las mujeres tienen tareas específicas en los rituales, como identificación con la diosa, o para ornamentar y decorar la estatua). (…)
En los demás países los sacerdotes de los dioses llevan el cabello largo, sin embargo en Egipto se lo afeitan. Entre el resto de los humanos, en caso de duelo, los más directamente afectados tienen por norma raparse la cabeza; en cambio los egipcios, que de ordinario van afeitados, cuando alguien muere, se dejan crecer el cabello y la barba. El resto de los hombres hace su vida aparte de los animales; los egipcios cohabitan con ellos. (…)”

Historiador Heródoto, s.V aC, Estudio sobre la cultura Egipcia (Historia, tomo II) A partir de la página 317.

La egiptóloga DRA. ELVIRA D'AMICONE. Egiptologa, ex-directora al Museo Egipcio de Turín i Profesora de la Universidad de Turín de Materiales del Arte egipcio i su conservación añade que los egipcios creían realmente que los seres humanos eran los encargados de la alimentación y el cuidado de cada especie animal. Tenían una concepción unitaria con la naturaleza, una especie de simbiosis en la que finalmente acababan midiéndose con el reino animal y vegetal y sintiéndose vulnerables e incapaces (normalmente agrupados en gremios de trabajo) cada uno pedía la protección de un animal que les pudiera representar como colectivo, y traer protección.


 Cerámica Egípcia con simbología de peces decorativos. El inicio de la iconografía comenzó en los objetos sagrados y luego se extendió a los objetos de uso cotidiano.

Amuleto hecho en turquesa. Escarabajo alado. 

Eso derivó en los tótems y amuletos relacionados con familias y trabajos. Ya que ciertos animales sí están dotados de alas para volar y ver más allá de las montañas, alas para proteger a sus crías del sol; tienen ojos que ven en la oscuridad, con una fuerza imbatible (o casi); estos se convierten en mayores que el ser humano. Se convierten en seres que están por encima de lo físico, y conectan con el mundo espiritual, que apuntan a lo desconocido, a lo incontrolable. A partir de esa racionalización del yo y nuestra relación con el mundo, con la observación de la naturaleza y la concepción de que compartimos el mundo con el reino animal y vegetal, que no estamos por encima de ellos, es según la egiptóloga Dra Elvira d'Amicone como posiblemente se diera el inicio de la simbología religiosa y el culto zoomórfico. 

Es indudable que el aspecto espiritual del ser humano tiene un peso enorme en esta evolución. ¿Por qué, si no para cubrir esa necesidad espiritual, de tener cierto tipo de control sobre un mundo salvaje y cambiante, se identifican a ciertos animales como guardianes de ese mundo? ¿Y si se puede de alguna forma torcer su voluntad a nuestro favor? Ah, podría existir algo de paz para el hombre.

Heródoto hace esta diferenciación en el s.V aC entre los egipcios y el el resto de culturas cuando el humanismo y el culto antropomorfo ya es hegemónico en todas las culturas del Mediterráneo a causa del intercambio cultural. Las representaciones de los dioses egipcios fue cambiando de forma, humanizándose cada vez más a medida que la influencia griega era más fuerte, hasta llegar a Apis. En un principio era el toro que portaba el carro de Osiris, pero más adelante sería asimilado con el mismo dios; o Serapis, la forma antropomorfa helenizada que engloba los poderes de muchos dioses, y es el homónimo de Osiris, el dios de la muerte, símbolo de fertilidad y de la regeneración del Nilo. A pesar de su evolución siguen conservando sus ritos, el sacrificio de bueyes. 





Animales que se inmolan en los sacrificios (Historia tomo II, Heródoto. p 322)

Consideran que los bueyes pertenecen a Épafo (Apis) hijo de Ío, y por este motivo, los examinan como sigue. Si advierten que tiene un pelo negro, aunque sea uno sólo, se le considera impuro. Esta revisión la hace un sacerdote encargado de este menester, tanto con el animal puesto en pie como patas arriba; además, le hace sacar la lengua para ver si está exenta de las señales prescritas. Y también examina si los pelos del rabo han crecido normalmente. Pues bien, si el animal está exento de todo ello, lo marca con un trozo de papiro que enrolla alrededor de sus cuernos y, luego, le aplica una capa de arcilla sigilar y en ella imprime su sello; sólo así se lo llevan; y está prescrita la pena de muerte para quien sacrifica un buey carente de marca.
Así es, en suma, como se examina al animal. En los sacrificios, por otra parte, tienen establecido el siguiente ceremonial: Llevan el animal marcado hasta el altar en que sacrifican, encienden fuego y, acto seguido, derraman vino sobre la víctima, invocan al dios y la degüellan junto al altar; y, una vez degollada, le cortan la cabeza.”

Apis, el toro era un dios solar. Era necesario el derramamiento de sangre sobre la tierra para que esta fuera fértil, por lo tanto, al invocar al dios éste se convertía en el mismo dios y entonces era sacrificado.


“Finalmente, desuellan el cuerpo de la víctima y se llevan la cabeza, tras haber lanzado muchas maldiciones sobre ella. En las zonas en que hay un mercado y un establecimiento de comerciantes griegos, la llevan a ese mercado y la venden; en cambio, en aquellas que no, la arrojan la río. La fórmula al maldecir las cabezas consiste en decir que si alguna desgracia amenaza con alcanzar a los que ofrecen el sacrificio, o a todo Egipto, que se vuelva contra aquella cabeza. (…) En cambio, la extracción de las entrañas de las víctimas y su cremación varían entre los egipcios de una celebración a otra; por consiguiente, voy hablar de la fiesta más señalada que celebran en honor de la divinidad que consideran más importante. Después de haber desollado el buey y haber pronunciado las plegarias rituales, le extraen todo el intestino y le cortan las patas, los cuartos traseros, las espadillas y el cuello. Hecho lo cual, llenan el resto del cuerpo del buey con panes de harina pura, miel, uvas pasas, higos, incienso, mirra y otras substancias aromáticas; y una vez repleto de estos ingredientes, lo queman echándole encima abundante aceite. Hacen el sacrificio en ayunas y, mientras las víctimas se consumen, todos se dan golpes en el pecho en señal de duelo; pero cuando han terminado de golpearse, se sirven en un banquete las partes de las víctimas que previamente apartaron. Todos los egipcios, por cierto, sacrifican bueyes y becerros exentos de marcas, pero no les está permitido sacrificar vacas, ya que están consagradas a Isis (diosa lunar). En efecto, la imagen de Isis, que representa a una mujer, lleva cuernos de vaca, tal como los griegos simbolizan a Ío; y todos los egipcios, sin excepción, veneran a las vacas muchísimo más que al resto del ganado. Esa es la razón por la que ningún hombre o mujer egipcios accederá a besar a un griego en la boca, utilizar su cuchillo, espetones o su caldero, ni a probar carne de un buey exento de marcas, trinchada con un cuchillo griego. Por otra parte entierran el ganado vacuno que se muere a modo siguiente: arrojan las vacas al río y, en cambio, sepultan a los bueyes en los suburbios de sus respectivas ciudades, con uno o ambos cuernos sobresaliendo del suelo para denotar su presencia. Cuando el cadáver se descompone, llega a cada ciudad una ‘baris’, procedente de la isla Prosopítide, se lleva los restos y los entierra allí.”(Se han encontrado numerosos sarcófagos de toros en tumbas especiales.)

Su mitología narraba que, después de morir en otoño e invierno, en primavera el dios volvería a la vida, trayendo de nuevo la fertilidad a todo el valle del Nilo y a todo Egipto. Y con estos sacrificios se aseguraban de que la naturaleza siguiese su curso y no fallase en cumplir con las lluvias y las inundaciones, porque de ello dependía su existencia.

Este mismo mito, o rito lo vemos en muchas otras culturas cuya subsistencia dependía de la agricultura y de poder dar de comer a sus rebaños. En todas las mitologías existe un tiempo en el que la fertilidad de los campos no cesa, pero ocurre algo que lo cambia todo y entonces hay que estar a buenas con el dios que rige la fertilidad, ofreciéndole sangre y sacrificios para que vuelva a vivir, o a estar contento. Esto depende de las prioridades de cada cultura, claro. Por ejemplo, existieron culturas cuya prioridad y subsistencia sí era la agricultura, pero otras dependían de las exploraciones por mar, o la guerra, el saqueo y conquista de otras tierras, etc. Entonces los sacrificios se destinaban más a un dios en particular que les pudiese ayudar en sus empresas, que no al propio dios/diosa de la fertilidad. 

Los Egipcios son un buen inicio también para hablar de las raices culturales de nuestro país por su influencia ya sea directa e indirecta.
Directa porque cada vez hay más estudiosos que afirman que hubo una colonia Egípcia en iberia, la denominada Tartessos se habría creado en la desembocadura del río Ebro un junio/julio del año 3513 A.C. ? Por una importante flota de guerra al mando del FARAON TEO II. Esta colonia habría durado solo 300 años, muy poco, pero lo suficiente como para instaurar cultos y ritos y hacer exploraciones hacia el norte y el sur y llevar parte de su cultura.
Indirecta, si la primera versión es un tanto dudosa para algunos, a través de sus transacciones con otras culturas que de forma probada y feaciente sí recibieron ese intercambio cultural (griegos y fenicios), y que por lo tanto al crear sus colonias, dejaron también aquí parte de esa cultura.

El culto a la figura del toro, comienza así a tomar importancia en estas tierras y ya veremos que, colonia tras colonia es algo que se irá reforzando hasta formar parte de nuestra cultura, en la forma que hoy en día lo hace, mucho más de lo que pensamos.


¡Hasta la próxima!



Fuentes:

Libro II, Euterpe. Heródoto.

El gran libro de la Mitología Griega, Robin Hard.

Conferéncia: http://www.museuegipci.com/es/cursos-y-actividades/de-la-naturaleza-a-lo-divino-las-raices-de-la-sacralidad-en-el-bestiario-faraonico/


Ancient Egypt Discover the Fascinating World of Ancient Egyptian History, Myths, Pharaohs, Pyramids and More, 2014, Jessica Jacobs.





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