Cómo me recupero yo ahora, o reseña sobre Neverwhere.

Pues resulta que no puedo sacármelo de la cabeza. Lo guardé en la estantería, junto a sus hermanos ya leídos, con la esperanza de poder pasar al siguiente libro, que de verdad, me interesa muchísimo. Pero no puedo.


No suelo creerme las frasecitas que, con colores vivachos te anuncian que estás a punto de comprar el mejor libro de la historia, pero he de reconocer que esta vez coincido, y diré que Neil Gaiman ha vuelto a cautivarme. Esta vez con su Neverwhere.

Segunda novela del autor que ƒue pensada inicialmente para ser un guión para una serie y que se publicó como libro en 1996, tiene una estructura poco fluida, pero que en mi opinión no se convierte en un obstáculo para que la historia enganche. Es más, esas escenas cortas para mí son un añadido que te permite saborear la novela a pequeños sorbos, viajando de un lado a otro por el mundo y sus personajes, que  en realidad no son muy complejos y no te sorprenden demasiado. Son buenos personajes tipo, con una historia detrás y una buena y notoria evolución de los cuales no os daré más detalles para no estropearos nada. Pero, de nuevo no es algo negativo, porque aunque en seguida quedan encajados en un perfil, no puedes evitar cogerles cariño, ¡incluso a los malos! Y eso está bien. Lo prefiero, porque lo más interesante de ellos es el mundo enorme en el que viven, y que al final es el que acaba dando forma a la historia que el autor decide contarnos.

De nuevo, no os daré más detalles, pero debo decir que Neil tiene una capacidad espectacular para actualizar los mitos de antaño y meterte de lleno en un universo que sigue estando en el tuyo, pero que funciona con sus propias reglas. Consigue que los sitios ordinarios se transformen en una puerta hacia algo desconocido y lleno de misterio. Y eso es algo precioso. Porque para mi los viajes en metro ya no son ni serán lo mismo. Neverwhere los ha transformado para siempre y, ahora, al escuchar el traqueteo del el vagón, o el sonido de la máquina a punto de hacer su entrada o salida en la estación, miro en la oscuridad del túnel para intentar reconocer a Old Bailey y sus plumas. O, si en cambio, me quedo ahí de pie esperando en el andén, me sorprendo mirando a la gente que está a mi alrededor, intentando averiguar sin fortuna, si son del Madrid de arriba o del de abajo.


Así que si os gusta la fantasía, los mitos, o simplemente os gustan las buenas historias, haceos un favor y leed Neverwhere de Neil Gaiman, si no lo habéis leído ya. Y ya si eso, luego me contáis cómo habéis podido superar el duelo y pasar a la siguiente historia. Lo necesito. Gracias. 

N.

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