Despedida y maldición



Me iré, volaré, desapareceré;
No me veréis más. 

Entended que un rosal apretujado,
machacado y cautivo
nunca podrá dar rosas.
Un rosal no es una viga,
y una viga no florece.

Si solo os valgo, mis señores, 
cuando hago lo que no soy,
me voy. Sí. Me voy.
Un día, escucharéis un eco,
colores azules, blancos, y azabaches.
Un día el viento traerá el aroma de una flor extraña,
nunca olida, ni admirada.

Sabed entonces que Mika es por fin libre, 
por fin amada, serena, ajusticiada.

Ahora llora. Que tus dientes rechinen. Que tu cara se llene de arrugas.
Recuperaré lo que es mío, te digo
y lo que no es mío, eso también tomaré. 
Construiré un reino con tu casa
y no sabrás quién te ha robado,
no sabrás quien ha entrado,
y se ha llevado todo aquello que no veías.
Hasta que tus piernas ya no tengan esperanza,
y ese día ya sea demasiado de noche para cantar.  

La soledad se llamará mi amiga, mi almirante;
mi color odiado por el mundo, mi casa. 

Me voy. Me despido. Vuelo. Ya no me veis más.
Y sin embargo aquí estoy.


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